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sostenibilidad y medio ambiente

29/10/2014

El valor industrial, comercial y público de la huella de carbono

En la situación económica que nos lleva acompañando ya varios años cualquier sistema de trabajo que ayude a extraer y analizar datos ponderables en el tiempo, con el único objetivo de detectar puntos de reducción de consumos y por lo tanto de costes, debería ser bienvenido dentro del sector industrial. 

Si además este sistema de trabajo supone la aplicación de mejoras medioambientales y aporta como resultado información sobre el impacto de la organización en el entorno, entonces estamos hablando de un sistema que mejora también la imagen comercial de la empresa.

Pero si además este sistema de trabajo, ya respaldado por iniciativas privada en los últimos años (Wal-mart, Tesco, el sector vitivinícola, el sector transporte, etc), empieza a verse fomentado por iniciativas públicas nacionales y europeas, susceptibles de ser tenidas en cuenta en los procedimientos de contratación pública y/o para desgravaciones fiscales, entonces estamos hablando de un sistema de trabajo que puede aportar mucho valor a las organizaciones.

Pues bien, todos estos requisitos los cumplen los sistemas de cálculo de huella de carbono (*). Y éstos están siendo ahora respaldados por la aparición de varias iniciativas públicas a destacar como son:

  • A nivel nacional se ha publicado un Real Decreto para la creación de un registro de huella de carbono, compensación y proyectos de absorción de dióxido de carbono. Se podrán inscribir en este registro las empresas que calculen y verifiquen su huella de carbono de organización. Las empresas inscritas dispondrán de un sello emitido por el Ministerio y se podrá tener en cuenta a futuro en los procedimientos de contratación pública y/o en desgravaciones fiscales. 
  • El Gobierno francés ha aprobado una ley que obliga a las empresas de transporte a comunicar a los clientes franceses la huella de carbono de los servicios realizados, siempre que se efectúe la carga y/o la descarga en el país galo. 
  • En general varios gobiernos europeos están definiendo iniciativas encaminadas a reducir los gases de efecto invernadero, todas ellas enfocadas a cumplir con el objetivo de Kyoto con el que se ha comprometido la UE, que es “reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20%, ahorrar el 20% el consumo de energía mediante una mayor eficiencia energética y promover las energías renovables hasta el 20%”.
La diversidad de iniciativas públicas y privadas en diversos sectores industriales que están impulsando el cálculo de huella de carbono, está suponiendo un incremento en la complejidad de los criterios técnicos con los que cumplir para el cálculo de la huella de carbono. Aun así, los protocolos privados y las normas internacionales que mantienen un mayor respaldo para el cálculo y la verificación del cálculo de huella de carbono son algunas como ISO 14064 de emisión de gases de efecto invernadero, ISO 14067 de Huella de Carbono en Producto, Protocolo GHG (para organización y para producto) o el PAS 2050 (para producto).

En cualquier caso, todos ellos se basan en el mismo esquema de trabajo, que se podría simplificar en los siguientes pasos:
  • Identificar todos los puntos en los que hay emisiones de gases de efecto invernadero: la mayoría de ellos suelen estar relacionados con consumos energéticos, de combustible y de gases refrigerantes.
  • Seleccionar un año de inicio y obtener los datos para ese año.
  • Analizar la fiabilidad de los datos, revisar y validar los mismos.
  • Aplicar factores de emisión para cada uno de los datos que nos permiten transformar los consumos de la organización a toneladas de CO2 equivalentes emitidos a la atmósfera.
  • Definir acciones de mejora enfocadas a reducir consumos y hacer seguimiento al cumplimiento de los objetivos de reducción propuestos.
¿Y qué ventajas aportan a las organizaciones?
  • Control continuo sobre consumos que suelen suponer un volumen de gasto elevado para la mayoría de las empresas industriales (consumo energético, consumo de combustible, etc.).
  • Análisis más exhaustivo de los datos. Por ejemplo, en lugar de tener en cuenta sólo el importe total de una factura eléctrica se deben tener en cuenta factores como la energía reactiva (que cuesta dinero a las empresas pero no se consume realmente), el consumo energético en cada tramo (que suelen tener costes muy diferentes), etc.
  • Posibilidad de comunicación del resultado del cálculo, lo que mejora la imagen corporativa y comercial de la empresa. No son pocas las multinacionales que publican sus resultados en memorias de responsabilidad corporativa, páginas webs, etc.
  • Reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, con el correspondiente impacto positivo para el medio ambiente.
Con el objetivo de Kyoto en un horizonte tan cercano como 2020, los países miembros de la UE que no han estado cumpliendo sus “deberes” en materia de contaminación atmosférica se están viendo obligados a definir nuevas estrategias que permitan conocer y regular mejor sus emisiones. Y esto implica, entre otras iniciativas, fomentar el cálculo y la reducción de las emisiones de todas aquellas organizaciones que actualmente no tienen la obligación legal de calcular y comunicar sus emisiones. 

Y ahora, sólo dos cuestiones para terminar: ¿Le gustaría saber cuál es la huella de carbono de su organización? ¿Cree que le podría aportar valor?

(*) Huella de Carbono: cantidad de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que se generan directa o indirectamente como consecuencia de una  actividad o asociados a las distintas fases del ciclo de vida de un producto, medidos en unidades de dióxido de carbono (CO2) equivalente. Se puede calcular la huella de carbono de una organización, de un evento o de un producto

Para más información contactar con Laura Fernández
Consultora de SUPERIA Consultores, en l.fernandez@superia.es.
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