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empresa

22/03/2012

Sobre los dichos populares y su aplicación a la empresa

Estamos acostumbrados a leer o escuchar a “gurús” de los negocios que nos aportan teorías de gestión o economía muy avanzadas y de gran éxito empresarial, pero la sabiduría popular, a veces, puede resultar tan útil e instructiva como el que más.

Podemos entender la coyuntura económica actual si interpretamos correctamente citas como “de aquellos polvos vienen estos lodos” o “la avaricia rompe el saco”, pues es bien cierto que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cometiendo excesos que estamos pagando muy caros, y la especulación ha sido y sigue siendo uno de los motivos principales de la crisis inmobiliaria y financiera en que estamos inmersos.

Si enfocamos estos dichos populares a la gestión de la empresa nos daremos cuenta que son consejos muy prácticos y aplicables a la estrategia empresarial: “no poner todos los huevos en la misma cesta” nos alerta del riesgo que supone concentrar las ventas en clientes o productos. A la memoria nos vienen casos de empresas que han tenido que echar el cierre por esta causa, y otras que sin embargo, se dieron cuenta a tiempo y son ahora punteras en su sector. Cuando aconsejamos que las empresas se diversifiquen nos referimos indudablemente a los clientes, y no a diversificar la actividad, que en algunas situaciones ha ocasionado que empresas rentables en su negocio principal hayan pasado dificultades  al invertir en otros negocios que no eran su especialidad.

A muchos clientes les digo aquello de “zapatero a tus zapatos”, puesto que se dedican muchos recursos y esfuerzo a procesos de apoyo que nada tienen que ver con el negocio principal del que realmente pueden sacar beneficio al ser especialistas. Las empresas tienen que asimilar el outsourcing financiero, laboral, de sistemas de gestión, de los sistemas informáticos,… como un modelo considerablemente más rentable para ellos.

No se trata de un dicho popular, pero es una frase coloquial “el no hacer experimentos ni con gaseosa”, que tiene mucha relación con éste otro de “lo barato sale caro”, y que nos vienen a decir que cuidado con los proveedores con los que se trabaja, que seamos conscientes que forman parte de la cadena de valor, y que si no dan garantías suficientes pueden generar problemas graves en la organización. En nuestra experiencia profesional hemos tenido que retomar proyectos inacabados o mal diseñados por asesores inexpertos que han ocasionado un doble gasto a la empresa, y lo que es peor, han generado desconfianza en el empresario, desmotivación en el personal y retraso en el cumplimiento de objetivos.

Pasan por mi memoria frases que deberían estar en cualquier curso de habilidades directivas; “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” nos tienen que inducir a ser ágiles en la toma de decisiones, ser proactivos en un entorno cambiante donde la competencia actúa con rapidez. Y esta otra de “el que no habla no yerra” que nos enseña que el directivo tiene que tomar decisiones, aunque a veces resulten equivocadas, pero que el inmovilismo en la gestión empresarial está abocado al fracaso seguro, y que “seguir la técnica del avestruz” metiendo la cabeza debajo de la tierra ante un problema, como si no pasase nada, es un actitud poco profesional, pues los problemas no se resuelven solos. Lo que hay que hacer es obtener la mejor información posible para minimizar el riesgo de una decisión, por eso hay que disponer de herramientas informáticas apropiadas, informes periódicos a la Dirección, indicadores de gestión en todas las áreas claves de la empresa.

Y, ¿cuáles son los principales problemas de una gran parte de las organizaciones?: falta de definición de funciones y responsabilidades o “unos por otros y la casa sin barrer”, no delegación de funciones y concentración de numerosas tareas en mandos intermedios o responsables de área que nos lleva a lo de “quién mucho abarca poco aprieta”, ausencia de planificación y control de los procesos que tiene como consecuencia el despilfarro, reprocesos e improductividad, o dicho de otra manera “a río revuelto ganancia de pescadores”.

Al contrario, para mejorar las empresas hay que tener muy en cuenta que “muchos pocos hacen un mucho” y que “más sabe el diablo por viejo que por diablo” o que “donde menos piensas, salta la liebre”, puesto que el trabajo en equipo, la experiencia del capital humano y estar atentos para innovar son factores básicos del éxito empresarial.

Por último, me gustaría transmitir un poco de optimismo porque “no hay bien o mal que cien años dure” y “no hay mal que por bien no venga”. Esta crisis que estamos atravesando pasará, y los que superemos esta dura etapa saldremos renovados y reforzados, así que “a mal tiempo buena cara”.

Para más información contactar con José Sala Marín, Director de Superia Consultores en j.sala@superia.es